La Ría de Bilbao atraviesa la ciudad y deja de ser río para mezclarse con las aguas del mar. Así nació Bilbao, para ser puerto donde la Ría dejaba que la cruzasen. La Ría recorre su camino hacia el mar, bajo los Puentes bilbaínos, impresionantes construcciones y admiración del turista y viajero visitante. Acércate a transitarlos y disfrutar de alguno o de todos los que te mostramos; nosotros hemos contabilizado 15 puentes, ¿vosotros?
Puente Nuevo
Suplemento de 1 idioma: 20 euros sobre precio total
Suplemento de 2 idiomas: 30 euros sobre precio total
Se encuentra al final de la Avenida de Miraflores, en donde, hace ya muchos años, se encontraba un viejo caserío con una parra de uva de txakoli. Justo en ese punto acaba Bilbao y empieza Etxebarri, al que corresponde este puente.
Este puente une el barrio de La Peña con Bolueta, a lo largo del Camino del Pontón. Con anterioridad al actual existió otro puente que permitía el paso del Tranvía de Arratia, que partía del centro de Bilbao y nos llevaba hasta Durango y el valle de Arratia, pero las inundaciones de 1983 se lo llevaron.
Esta pasarela peatonal se construyó después de las inundaciones de 1983. Está situada en la calle Zamácola, al comienzo del Parque Ibaialde (La Peña) y comunica este barrio con el Paseo de los Caños, el Alto de Miraflores y Mina del Morro.
Este puente fue la primera infraestructura de comunicación del nuevo Bilbao. Une la margen derecha a la altura de Bolueta con la A-8. Se abrió al público en abril de 1995 y fue el primer paso elevado sobre el Nervión desde la apertura del puente de La Salve (1972). 28 columnas y un arco monumental de 50 metros de altura conforman este puente de líneas sencillas.
Construido al lado de la Iglesia del mismo nombre. Por él entraban las acémilas de mulas y volvían a Castilla con las mercancías de otras tierras y con el hierro vizcaíno. Si cruzamos este Puente, bajaremos hasta el Muelle de Marzana, por una escalera lateral. Inténtalo, que no te arrepentirás.
Hasta 1980 era conocido con el nombre de Puente de Ortiz de Zárate. Se abrió en 1939 y su ingeniero fue Fernando Arzadun. Este puente ha sido reconstruido en varias ocasiones por diferentes arquitectos e ingenieros. La guerra carlista y la contienda de 1937 acabaron con él. Hay una cosa que poca gente sabe, y es que este fue el auténtico puente colgante suspendido por cadenas de hierro y acero.
Debe su nombre al convento de la Merced, situado en la margen izquierda de la ría. Este puente se ha reconstruido en varias ocasiones. El primero de 1874 era de madera. De piedra y ladrillo fue su sustituto en 1891, del ingeniro Hoffmeyer, y que fue destruido en la contienda de 1937. Manuel Gil Santibáñez construyó un nuevo puente de hormigón después de la Guerra Civil, que se llamó “Puente del General Sanjurjo”. En 1980 recobró su nombre original.
Supuso el camino de expansión de las Siete Calles hacia Abando y dio solución a todos los bilbaínos y abandotarras que cruzaban en barca la ría. Para comienzos de 1848 ya estaba en marcha el puente que supuso la unión de ambas márgenes. Fue el tercer puente sobre la ría y principal vía de unión moderna como hemos dicho. Tomó el nombre de Isabel II, reina regente y su autor fue el bermeano Antonio de Goikoetxea. Es de estructura metálica, y está construido sobre cuatro pilastras de piedra que crean cinco arcos y con su tramo central elevándose y dejando dos mitades que dejaron de funcionar en 1866.
Está junto al impresionante e importante edificio del Ayuntamiento y es un puente levadizo, que une las dos orillas de la Ría del Nervión a su paso por Bilbao, para facilitar el paso de grandes buques por esta Ría. Su arquitecto se inspiró para su construcción en los viaductos móviles de Chicago.
Es junto al Museo Guggenheim uno de los símbolos más emblemáticos de la ciudad. Como su nombre indica, en vasco, el Puente es blanco y su suelo de cristal. Su curvatura, junto con el arco, crea una estructura muy interesante sobre la Ría Nervión.
Se inauguró en 1972 para dar una salida a los problemas de tráfico en la parte norte de la ciudad. Con motivo del décimo aniversario del Guggenheim se inauguró en el puente de La Salve la gran puerta roja de Daniel Buren, o los “arcos rojos”, como es más conocido.
Inaugurado en marzo de 2003 une el paseo de la Ribera de Abandoibarra con la Avenida de las Universidades y la Universidad de Deusto. Su nombre se puso en honor al insigne jesuita bilbaíno Pedro Arrupe. Está hecho de acero duplex, un material que no se había usado hasta el momento para una construcción así. Además, al pasar por este puente algunos tienen la sensación de estar sobre la cubierta de un barco, por los materiales de madera tropical que recubren la pasarela.
Tras seis años de obras, en 1936, iniciada ya la Guerra Civil, se inauguró este puente del arquitecto Ricardo Bastida y los ingenieros José Ortiz de Artiñano e Ignacio de Rotaechea. Este puente unió el Ensanche bilbaíno con la anexionada Anteiglesia de Deusto. Tal y como ocurrió con muchos puentes de la ciudad, este también fue volado, en parte al menos, en 1937, pero el Ayuntamiento en seguida le reconstruyó y le denominó Puente del Generalísimo. En 1979 volvió a tener su nombre anterior.
Se encuentra en el extremo más próximo al mar. El ingeniero navarro Javier Manterola ideó un nuevo enlace para vehículos y peatones. Construido con una sólida estructura de metal, el puente tiene 250 metros de largo y 27 de ancho, de trazado curvo y protegido, en su zona peatonal, por una amplia marquesina. Se inauguró en 1997 y su elemento más emblemático es una torre de iluminación de 45 metros de altura. Absorbe gran parte del tráfico del Puente de Deusto y del túnel que une Enekuri con la calle Morgan.